lunes, 21 de julio de 2008

Escondidos en Brujas (o en el purgatorio)

Les admito que siento cierta debilidad por las transfusiones genéricas y, en parte por ello, me interesa tanto una (notable) película como Escondidos en brujas. Se trata del primer trabajo tras las cámaras de Martin McDonagh (firmante también del guión) y es una de las óperas primas más peculiares de esta temporada. El filme, que navega gustosamente entre dos aguas por los canales de la urbe belga, viene a ser el resultado de combinar un thriller posmoderno y socarrón (facción Tarantino y sucedáneos) con un cuento noir de reminiscencias judeocristianas (facción irlandesa con sentimiento de culpa y expiación). Un cocktail, a todas luces atípico, al que el director añade tiempos muertos estancados (en la línea del Sonatine de Kitano, pero en una ciudad) y postales vivas (turísticas y oníricas) de una Brujas que acaba resultando un personaje más de una historia enrarecida y un pelín rocambolesca.

Se ha comentado -con acierto- que el mayor interés de esta propuesta radica en su primera hora. Aquella en la que los dos protagonistas irlandeses (Farrell y Gleeson) están destinados a Bélgica sin otra misión que pasear tras haber cometido un asesinato por encargo de un businessman invisible.
En esa extraña situación de impasse inicial, el filme parece una buddy movie filmada por el Linklater de Antes del amanecer. McDonagh, consciente de ello, consigue capturar la creciente amistad que se forja entre dos personajes que progresivamente dejarán de ser arquetipos gangsteriles (como sí eran los estupendos Travolta y Jackson de Pulp Fiction) para convertirse en seres de carne y hueso sin apenas glamour.

Afectados por miedos y dudas del todo asumibles por el espectador, los dos individuos se enfrentarán a sus obsesiones en el milimétrico último tercio del filme en el que -sin abusar de la espectacularidad de la acción- se saldarán las cuentas pendientes anteriormente formuladas. En estas secuencias postreras, la excesiva (y forzada) voluntad de McDonagh por cuadrar todas las piezas y personajes restará verosimilitud a una película que, pese a sus pequeños defectos, nunca naufraga y consigue tocar muchas teclas (incluso en su tarantiniana vertiente humorística) sin apenas desafinar.

A la postre, uno tiene la sensación de haber asistido a la breve y triste historia de dos amigos con los que es fácil identificarse. Dos seres que, tras los títulos de crédito, siguen de algún modo atrapados en una Brujas fabulesca, en una suerte de purgatorio en vida (o muerte) al que todos nos hemos asomado alguna vez y que, sin duda, resulta tan inexcrutable como el
cuadro de El Bosco que con tanta inquietud contemplan los protagonistas de este sugerente debut.

2 comentarios:

Christian dijo...

En primer lugar, celebro la inauguración de tu blog. Buena suerte.
Respecto al film de McDonagh es, sin duda, una de esas curiosidades/excentricidades que nos depara la cartelera en época de rebajas a todos los niveles. "Escondidos en Brujas" tiene momentos delirantes (sobre todo en relación al enano norteamericano y al personaje de Colin Farrell aunque el prota sea el de Brendan Gleeson), con una mala uva (no creo que ni la dejen que se estrene en los USA porque no salen muy bien parados)impresionante, sin obviar referencias cinéfilas. Por ejemplo, el Harry que recrea un colérico Ralph Fiennes no sería un trasunto de su tocayo H. Limmey de "El tercer hombre". Lo dicho, una sorpresa pretendidamente desmesurada, que juega a diversos bandos (comedia negra-negrísima, drama, tragedia, misterio...), pero a McDonagh le ha salido una carambola.

Carles Matamoros dijo...

Hola Christian.Gracias por los ánimos.

Si te fijas, hasta hay una cita cinéfila a la peli de Roeg, "Amenaza en la sombra", que, aún siendo muy diferente, también sabía captar la atmófera de una ciudad muy parecida. En ese caso era Venecia, aquí Brujas.

El humor es otra de las claves. Aunque se abuse de él en momentos un pelín dramáticos. De todos modos, la peli está gustando bastante y me alegro mucho por ello.