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lunes, 18 de octubre de 2010

Embrión, una rara avis en la cartelera


En la entrevista que publicamos en Transit a Bruno Forzani y Hélène Cattet, codirectores de la excelente Amer, ella mostraba su deseo de encargarse de un remake de Quand l’embryon part braconner, el legendario filme de serie B que Koji Wakamatsu rodó en 1966. Poco debía imaginarse la realizadora belga que, un año atrás (en 2008) y en la misma sección donde compitió con su Amer en 2009 (Noves Visions), ya se había presentado en Sitges Embrión, una peculiar revisión (¡española!) de aquella película japonesa de culto que tanto le (nos) gusta.

Ahora, contra todo pronóstico, Embrión se estrena (en una sola sesión diaria desde el pasado viernes, eso sí) en los Cines Maldà de Barcelona y, dado que difícilmente podrá perdurar en la cartelera mucho tiempo, os invito a verla. No es un título extraordinario, pero sí un trabajo atrevido e independiente (término este que se las trae y que tampoco es positivo de por sí) que logra tomar la premisa original y trasladarla a un entorno que nos es muy reconocible.

No entraré en la descripción del filme (para ello recomiendo la atinada crítica de Tonio Alarcón en Miradas), pero sí diré que, pese a su aspecto un tanto amateur (que echará de la sala a más de uno), se trata de una película muy cuidada, con numerosas ideas estéticas y buenas soluciones formales para un planteamiento minimalista -dos actores, un piso y poco más- que, ante la ausencia de recursos económicos, requería de mucho ingenio para no agotarse en escasos minutos; algo de lo que no carecen sus dos máximos responsables: Gonzalo López y Javier Rueda.

Puede que, a veces, el ambicioso discurso se imponga sobre las decisiones de puesta en escena y que se note (más de lo deseado) que muchos diálogos no son más que monólogos encubiertos, pero, aun así, ver Embrión es enfrentarse a un ejercicio de honestidad, de fe y de algunos logros. El mayor, quizás, la reformulación del personaje femenino, que aquí tiene posibilidad de réplica (algo inexistente en la sumisa protagonista nipona) y logra poner en duda la ideología de un secuestrador masculino que defiende, con una convicción inesperada en estos tiempos que corren, la anarquía y la violencia ante la sumisión capitalista. El problema del tipo, a lo mejor, es, simplemente, que no folla. Pero, aunque fuera así, su situación se las trae y, en buena parte gracias al montaje, uno no pierde interés en lo que le ocurre en una serie de encuentros verbales con una pija, que no es tan tonta como parece a simple vista.

Nacer no es, necesariamente, un motivo de alegría y sufrir es inevitable. Aun así, en el filme de Suárez surge la posibilidad del intercambio de ideas y, a su vez, se reivindica una radicalidad ideológica que, aunque parezca pasada de moda, se echa de menos en tiempos de lo políticamente correcto. Tiempos, estos, tan asépticos como los de una oficina, como los de las producciones industriales o como los del blanquecino piso donde transcurre la acción de Embrión. Tiempos, estos, en los que sólo el color -en bellos filtros giallescos que tiñen los furiosos flashbacks, flashforwards y ensoñaciones del filme- parece ser capaz de hacer estallar la pantalla y removerte del asiento, obligándote a repensar el mundo en rojo. Rojo sangre. ¿Es posible la esperanza?

lunes, 19 de octubre de 2009

Adéu, Sitges


Ha pasado una semana y apenas he tenido tiempo para reflexionar. Sitges es ya un recuerdo lejano y, entre tanto, ¡han acontecido tantas cosas! Incluso la muerte de mi querido Andrés Montes con el que crecí viendo baloncesto en las madrugadas y al que echaré mucho de menos (aunque sus retransmisiones futbolísticas nunca me convencieran). La cosecha de cine fantástico en mi segundo fin de semana fue más que aceptable. Aunque me perdiera Moon, la ganadora, y tres de las películas que más llamaban mi atención: Enter the void, Vengeance y Symbol. Espero que haya otra ocasión. También para recuperar la griega y la francesa, premiadas por crítica y jurado joven. Pero vamos a lo que vimos.

Y seamos breves. Un par de confirmaciones de lo ya visto en Venecia: The Road no es para tanto (es incluso molesta en su corrección y sensiblería) y Accident es un thriller muy sofisticado y excelentemente rodado (aunque se eche en falta un poco de emoción y me sobre un giro final explicativo). En el terreno más cercano al cine de autor, La terre de la follie es un divertimento en forma de crónica negra y Morphia es distinta en su sarcasmo a la mayoría de las cintas situadas en los albores de un conflicto histórico (la revolución rusa). Amer es la película más estimulante del festival en su relectura lúdica y sensorial del giallo (tocará extenderse sobre ella). Por su parte, La casa sin fronteras es una de las propuestas españolas más tenebrosas que uno recuerda (el fantasma del Opus Dei planea en este clásico olvidado) y Los Ojos sin rostro (de Franju) es una obra bellísima que debería ocupar un espacio privilegiado en la historia del fantástico más elegante y despiadado.

Cargo y Loft son propuestas más bien aburridas y desaprovechadas (sobre todo la primera) mientras que Van Diemmen's Land es una más que aceptable versión de Viven! a la Malick. Por último, pude disfrutar de una doble maratón con (por fin) hemoglobina a tutiplén. Dead Snow es tan divertida como intrascendente. The loved ones da un paso más allá y es una de las cintas exploit más bien filmadas que recuerdo. Y no (sólo) da risa.

De casi todas ellas y de algunas más se habla en el especial de Miradas dedicado al festival. Mi pequeña aportación se limita a unos breves apuntes sobre
Van Diemmen's Land y The loved ones. No se pierdan el conjunto de textos. Seguro que sacarán un balance más claro del festival que el que yo tengo en la cabeza. Demasiado cine. Demasiadas cervezas. Demasiados pocos días en Sitges.

lunes, 5 de octubre de 2009

Apuntes desde Sitges

Fui feliz estos primeros tres días en Sitges. He vuelto al curro y me siento absolutamente fuera de lugar, incapaz de retomar el ritmo e incubando una posible gastrointeritis. ¿Serán las pizzas y los bocatas? Estoy seguro que la cura (si es que realmente me pongo enfermo) llegará cuando vuelva a finales de semana a la costa catalana y me vea un montón de pelis que me apetece disfrutar en compañía. La comida y la bebida ya serán otra historia. Por ahora, todo está siendo muy interesante. Y he gozado -con la primera acreditación para Transit mediante (!!!)- con la presencia de caras conocidas, amigos, camaradas y cineastas que nunca me fallan. No sé. Supongo que se puede ser feliz dentro y fuera de un cine. O en los dos sitios a la vez.

Será que estoy optimista, pero, a excepción de Crows 2 (que tiene sus momentos y sus buenas hostias, no vamos a negarlo), he disfrutado de casi todo lo que he visto. No entraré en análisis (eso ya llegará, o no), pero me gustaría deciros que, aun siendo (semi)fallida, la de mi querido Tsai (Visage) no es el desastre que se dijo (hay encuadres para enmarcar), la de Raya Martin (Independencia) tiene bastante tela (en el buen sentido) y, sin ser una obra total, es muy estimulante para los consumidores de cine-club (compañeros de butaca dixit), la de Marine de Van tiene su aquel (aunque al final se pierda en obviedades) y las dos de animación -Musashi y Summer Wars- merecen la pena por su variedad de registros y golpes ingeniosos. La primera peca de densa, la segunda de noña. Las dos sin embargo conforman un buen cocktail.

Y hasta aquí las novedades. Por ahora, estoy viendo más retrospectivas y poco o nada sé aún de la sección oficial. Espero que el maratón del último día colme mis ansias de vísceras y novedades. Porque Sitges es un festival de cine de terror y uno no puede irse sin una gran sesión nocturna entre fans. Por cierto ¡Corman es muy grande! Y Vincent Prince ni te digo...Recuperad El péndulo de la muerte cuando podáis. No envejece.

lunes, 13 de octubre de 2008

Top 5: Sitges

Se acabó lo que se daba. Sitges cerró filas con un decente (pero muy discutible) palmarés y la temporada de festivales de un servidor llegó a su fin. Es momento ahora de relajarse, restituirse y aceptar que estos eventos culturales (y burgueses) poco tienen que ver con el mundo real al que me toca volver ...Y es que los festivales te aislan totalmente de lo que sucede en el exterior y te dejan pensando que las películas, las fiestas y las charlas cinéfilas podrían durar eternamente sin que nada grave sucediese. Es lo que tiene ir a sitios donde un universo (el del cine) resulta, más que nunca, una auténtica burbuja que quizás, en ocasiones, nos remite a lo real, pero que, en la mayoría de las veces, se limita a relamerse en los guiños, los géneros y el puro placer abstracto. Nada de malo hay en ello, pero supongo que conviene calmarse y no perder el norte en una sociedad que se me antoja cada vez más compleja. Aunque, si ustedes pueden permitírselo entre tanta crisis, yo les recomiendo que busquen asidero en los goces del arte y el entretenimiento que, en mi caso, me proporcionaron los cinco mejores títulos -quitando las muy recomendables cintas ya proyectadas en Venecia: Ponyo on the cliff by the sea, Encarnaçao do Demonio y, sobretodo, The Sky Crawlers- que pude ver en Sitges y que, sin más prolegómenos, comento brevemente a continuación.

Southland Tales (Richard Kelly): Mucho se ha dicho ya de esta oda al caos que circula ya por la red de redes. Para para los que aún no la conocíamos, verla en el majestuoso Auditorio de Sitges, en pleno festival y a la una de la madrugada, fue una de esas experiencias, entre oníricas y libérrimas, que no se olvidan y que le dejan a uno en un completo estado de shock. No me pregunten sobre el argumento -de eso ya me encargaré en futuros visionados- sino más bien por la atracción y la seducción de las imágenes de este filme que envuelven al espectador en un bucle sensorial que sólo proporcionan los viajes cinéfilos (y físicos) más intensos y arriesgados. Gracias por su locura pop señor Kelly. No me sentía así de fascinado en una sala de cine desde Mulholland Drive.

Vinyan (Fabrice Du Welz): Está la búsqueda. Están los fantasmas. Está lo intangible. Está lo desconocido. Está lo que escondemos en nuestro anterior. Está el miedo. Está el horror. Está Joseph Conrad. Está un director que sabe manejar lo que tiene entre manos y que, cambiando completamente de registro, se acerca a un viaje opaco con paisaje tailandés, pero con trayecto interior. Toda una experiencia contenida y dolorosa que explota finalmente en una transformación consecuente, inevitable. El bosque. Beart. La sublimación. La muerte.

The Chaser (Nao Hong Jin): Es un debut, pero no lo parece. Podría ser consecuencia de los logros de la canónica Memories of a Murder, pero hay algo más. Éste es un thriller coreano modélico que, pese a un par de defectos finales de guión, te atrapa y no te suelta hasta una conclusión que viene a cerrar una construcción dramática in crescendo que nos acerca tanto a la naturaleza malévola del hombre como a la corrupción política. Exquisitamente filmada, con los golpes irónicos esperados y con una estructura atípica (se atrapa al asesino a los quince minutos de metraje y, pese a ello, el ritmo del filme no sufre apenas altibajos), The Chaser merecería ser un éxito en taquilla. ¿Algún distribuidor español apostará por ella? Disfrutarla en una pantalla de cine (y no en una de ordenador) es casi una obligación.

Let the Right One In (Tomas Alfredson): No, no es un hype más de los amante del fantástico. Es una fábula vampírica asombrosa, minimalista, que crece en el recuerdo y que pronto (¡aleluya!) se podrá disfrutar en lo cines. Basculando entre el sentimentalismo y el tremendismo, la película sabe encontrar su lugar y no cae nunca en el ridículo ni en el exceso. Por su delicadeza, por su uso del fuera de campo, por sus interpretaciones, por su diseño de producción...ésta es una de las piezas más redondas del año. Quizá le falte un atisbo de locura y el exceso de cálculo impida que estemos ante un clásico instantáneo, pero pocos filmes saben conjugar un acercamiento digno al género -de vampiros- con una historia de amor con tanta precisión. Alfredson es desde ya un valor en alza y Let the Right One In una película de culto que (seguro) será disfutada por todo tipo de espectadores. No se la pierdan.

Searchers 2.0. (Alex Cox): Quizás me pase de entusiasta y, según los (absurdos) cánones de la objetividad, el nuevo trabajo de Cox no merezca (por méritos cinematográficos) estar en el top 5 de Sitges. Pero...¿qué más da? Este acercamiento -libre, diverido, semi-amateur- a lo mitos del cine es entrañable, subversivo y altamente disfrutable. El título no engaña. Pues se parte del recuerdo de Centauros del Desierto (y del western y de toda una iconogrfía estadounidense particular) para iniciar una road movie cinéfila hasta Silicon Valley. El cine como simulacro, los cambios generacionales, el acercamiento a una meca mítica...son algunos de los termas que planean en esta modesta producción de Roger Corman. Las locuras habituales de Cox sólo llegan al final, pero el trayectro merece siempre la pena. Fíjense, por ejemplo, en el combate a tres bandas -a lo El bueno, el feo y el malo- de los protagonistas que, en vez de luchar a balazos, lo hacen con preguntas sobre stuntmans de Hollywood. Literalmente glorioso. Justice, Gas, Revenge.

*No os deberíais perder tampoco otros títulos notables como Red, Eden Lake, Crows Episode 0 , The Good, the Bad and the Weird o My Winnipeg. Éstos y otros filmes aparecen valorados y puntuados en el especial de Sitges que mis compañeros de Miradas han ido publicando estos últimos días. Una lectura placentera. Como siempre.

Saludos a todos,
Carles

miércoles, 1 de octubre de 2008

Sitges rules!

Nada. Sólo comentaros que en los próximos diez días estaré en Sitges de vacaciones y es bastante improbable que cuelgue algo por aquí. Al volver, prometo hacer un balance de lo visto en el festival. Si os pasáis por ahí, ya sabéis, preguntad por mí y siempre nos podemos ir a tomar unas cañas o meternos en una sesión de medianoche.

Sed buenos.