Se acabó lo que se daba. Sitges cerró filas con un decente (pero muy discutible) palmarés y la temporada de festivales de un servidor llegó a su fin. Es momento ahora de relajarse, restituirse y aceptar que estos eventos culturales (y burgueses) poco tienen que ver con el mundo real al que me toca volver ...Y es que los festivales te aislan totalmente de lo que sucede en el exterior y te dejan pensando que las películas, las fiestas y las charlas cinéfilas podrían durar eternamente sin que nada grave sucediese. Es lo que tiene ir a sitios donde un universo (el del cine) resulta, más que nunca, una auténtica burbuja que quizás, en ocasiones, nos remite a lo real, pero que, en la mayoría de las veces, se limita a relamerse en los guiños, los géneros y el puro placer abstracto. Nada de malo hay en ello, pero supongo que conviene calmarse y no perder el norte en una sociedad que se me antoja cada vez más compleja. Aunque, si ustedes pueden permitírselo entre tanta crisis, yo les recomiendo que busquen asidero en los goces del arte y el entretenimiento que, en mi caso, me proporcionaron los cinco mejores títulos -quitando las muy recomendables cintas ya proyectadas en Venecia: Ponyo on the cliff by the sea, Encarnaçao do Demonio y, sobretodo, The Sky Crawlers- que pude ver en Sitges y que, sin más prolegómenos, comento brevemente a continuación.
Southland Tales (Richard Kelly): Mucho se ha dicho ya de esta oda al caos que circula ya por la red de redes. Para para los que aún no la conocíamos, verla en el majestuoso Auditorio de Sitges, en pleno festival y a la una de la madrugada, fue una de esas experiencias, entre oníricas y libérrimas, que no se olvidan y que le dejan a uno en un completo estado de shock. No me pregunten sobre el argumento -de eso ya me encargaré en futuros visionados- sino más bien por la atracción y la seducción de las imágenes de este filme que envuelven al espectador en un bucle sensorial que sólo proporcionan los viajes cinéfilos (y físicos) más intensos y arriesgados. Gracias por su locura pop señor Kelly. No me sentía así de fascinado en una sala de cine desde Mulholland Drive.
Vinyan (Fabrice Du Welz): Está la búsqueda. Están los fantasmas. Está lo intangible. Está lo desconocido. Está lo que escondemos en nuestro anterior. Está el miedo. Está el horror. Está Joseph Conrad. Está un director que sabe manejar lo que tiene entre manos y que, cambiando completamente de registro, se acerca a un viaje opaco con paisaje tailandés, pero con trayecto interior. Toda una experiencia contenida y dolorosa que explota finalmente en una transformación consecuente, inevitable. El bosque. Beart. La sublimación. La muerte.
The Chaser (Nao Hong Jin): Es un debut, pero no lo parece. Podría ser consecuencia de los logros de la canónica Memories of a Murder, pero hay algo más. Éste es un thriller coreano modélico que, pese a un par de defectos finales de guión, te atrapa y no te suelta hasta una conclusión que viene a cerrar una construcción dramática in crescendo que nos acerca tanto a la naturaleza malévola del hombre como a la corrupción política. Exquisitamente filmada, con los golpes irónicos esperados y con una estructura atípica (se atrapa al asesino a los quince minutos de metraje y, pese a ello, el ritmo del filme no sufre apenas altibajos), The Chaser merecería ser un éxito en taquilla. ¿Algún distribuidor español apostará por ella? Disfrutarla en una pantalla de cine (y no en una de ordenador) es casi una obligación.
Let the Right One In (Tomas Alfredson): No, no es un hype más de los amante del fantástico. Es una fábula vampírica asombrosa, minimalista, que crece en el recuerdo y que pronto (¡aleluya!) se podrá disfrutar en lo cines. Basculando entre el sentimentalismo y el tremendismo, la película sabe encontrar su lugar y no cae nunca en el ridículo ni en el exceso. Por su delicadeza, por su uso del fuera de campo, por sus interpretaciones, por su diseño de producción...ésta es una de las piezas más redondas del año. Quizá le falte un atisbo de locura y el exceso de cálculo impida que estemos ante un clásico instantáneo, pero pocos filmes saben conjugar un acercamiento digno al género -de vampiros- con una historia de amor con tanta precisión. Alfredson es desde ya un valor en alza y Let the Right One In una película de culto que (seguro) será disfutada por todo tipo de espectadores. No se la pierdan.
Searchers 2.0. (Alex Cox): Quizás me pase de entusiasta y, según los (absurdos) cánones de la objetividad, el nuevo trabajo de Cox no merezca (por méritos cinematográficos) estar en el top 5 de Sitges. Pero...¿qué más da? Este acercamiento -libre, diverido, semi-amateur- a lo mitos del cine es entrañable, subversivo y altamente disfrutable. El título no engaña. Pues se parte del recuerdo de Centauros del Desierto (y del western y de toda una iconogrfía estadounidense particular) para iniciar una road movie cinéfila hasta Silicon Valley. El cine como simulacro, los cambios generacionales, el acercamiento a una meca mítica...son algunos de los termas que planean en esta modesta producción de Roger Corman. Las locuras habituales de Cox sólo llegan al final, pero el trayectro merece siempre la pena. Fíjense, por ejemplo, en el combate a tres bandas -a lo El bueno, el feo y el malo- de los protagonistas que, en vez de luchar a balazos, lo hacen con preguntas sobre stuntmans de Hollywood. Literalmente glorioso. Justice, Gas, Revenge.*No os deberíais perder tampoco otros títulos notables como Red, Eden Lake, Crows Episode 0 , The Good, the Bad and the Weird o My Winnipeg. Éstos y otros filmes aparecen valorados y puntuados en el especial de Sitges que mis compañeros de Miradas han ido publicando estos últimos días. Una lectura placentera. Como siempre.
Saludos a todos,
Carles